domenica 28 ottobre 2012

Samaria



“No beséis los pies, no
toquéis el jumento;
aléjate extraña, aléjate
perra, hija de traidores
que fueron contra Moisés y
contra el Dios”.

Y ella se fue llorando.

“Vete de mi tierra,
y no cojas las frutas del camino
ni las que la ley
promete al extranjero”.

Y no soportó más, sino
que corrió para no
 seguir oyendo.

“No comas de noche
ni que el sol te sorprenda
cerca de nosotros”.

Enloquecida, se marchó
urlando.

“No bebas,
no toques,
y a mi familia
no te acerques,
hija de animales”.

Entonces superó el dolor,
y se hizo insensible
porque no creía más en el hombre.

Pero las estrellas se
alzaron sobre
las palmas, sin mirar
entró ella
caminando
sobre los muertos;

Y lo vio de lejos;
arrodillada ante el hijo de David
le pregó en nombre de su Dios:

“Aún los perros
comen de las migajas que caen
de la mesa de sus amos”

Y el galileo le dijo:

“Mujer, ve en paz,
grande es tu fe”.

Rojo


Cuando me lleves
donde la luz no pueda encontrarme,
bajo tierra mi cráneo coloques,
y me impidas pintar santos
y pecadores,

cuando la luz se apague en mis ojos
y vuelva a Dios el suspiro
que ahora me invita a enviarte
unos cordiales saludos.


Tú me verás en el Juicio
y me llenará de terror tu espectro
y temeré por los pecados ocultos,
que quizás me aumenten un siglo o dos
en el abismo.

La justicia es toda una idea
que reclamamos, pero nadie practica:
un día o dos viviendo bajo un puente
gracias a las obras de un prete
que se llamaba amigo
y se jacta de ser justo
cuando a mentiras se protege;

“También le llegará la muerte”.

¿Qué me dices de los amigos,
los que a puñaladas me han
devuelto a la tierra?

¡Oh, caro Bruto!
Tú también eres una idea
la forma eterna de los injustos,
de aquellos que han traicionado
a sus propios amigos.

“Ellos también morirán”, responde
el espíritu.

¡Nadie te ha preguntado!

El ángel vuela y con su espada
a girar se enoloquece
sobre las jambas de las puertas
del primoroso Edén
descansa y se le escapa
un romano “vaffanculo”.
O bien, el “confutatis
maledictis”
que romantiza el jactar
y el azar
de los ángeles de Dios.

Pero no es así, en angélico se ríen;
ni en latín, ni en vulgar latín,
sino en madrileño salao
con los ojos mandarán el mensaje
cuando se abran los libros,
Minos inicie a medir pecados
y se lleven los primeros al
lago de azufre;
al burlarse dirán primeramente
con la mirada: “jódanse, tíos”.